depresivoDecir  “venga anímate” o trivializar lo que siente el deprimido son algunos de los errores más comunes. En este texto te vamos a dar las claves que la ciencia y la psicología en particular recomienda a la hora de comportarnos cuando alguien cercano se siente deprimido.

En muchas ocasiones intentando ayudar empeoramos el problema. Lo más idóneo es consultar con un especialista, psicólogo y/o psiquiatra.

María le da vuelta a que tiene mucho qué hacer, pero se siente bloqueada, se ve incapaz de levantarse de la cama, tiene el ánimo deprimido. Lleva semanas así, o quizás incluso meses, pensando en todo eso que debería hacer, pero no ácana de hacer nunca, no tiene las fuerzas ni las ganas de hacerlo. Es una sensación incomoda, muy desagradable. Algo así como si tirara la toalla antes de iniciar el combate, como si fuera un soldado derribado en alguna guerra, que ni si quiera es consciente de haber librado. Ella antes fue una persona vital, pero ahora mismo no sabe cómo salir de ese bucle, cómo volver tener ganas y motivación por hacer cosas, y sacar fuerzas para afrontar el día a día. Hoy todo se le hace un mundo, y lo peor de todo eso, es que no sabe qué hacer de sentirse mejor, hasta tal punto, que empieza a resignarse y considera que ese va a ser su estado para siempre.

La tristeza patológica que supone tener una depresión, afecta alrededor del 5 % de los españoles, aunque se calcula que un 10 % de nuestra población pasará por un proceso depresivo a lo largo de su vida. Así se considera en los foros de expertos que la depresión será una de las epidemias del S. XXI, de tal manera se estima que en aproximadamente quince años será la primera causa de invalidez a nivel mundial. Una cuestión nada despreciable. No sólo queda ahí, en fechas recientes la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental constataba que pese al aumento de prescripción de medicamentos antidepresivos, se produce la paradoja de que gran parte de sus consumidores no padece realmente de depresión, y de los que sí la padecen, la mitad de ellos acudirá a su médico de familia sin que la detecten, y por tanto, continuará sin tratamiento o medicación.

Esas son algunas de los datos, cifras y proyecciones a largo plazo. Pero el problema de la depresión es mucho más datos o números, ya que se trata de un problema que impacta de forma brutal en la vida de la gente. Porque no sólo afecta a la persona que leo sufre, sino también a todos sus allegados. Aunque esto se tenga menos en cuenta.

Y es que, al comentar casos como el de María (la depresión es sufrida con más frecuencia en mujeres de entre 30 y 40 años), se obvia en muchas ocasiones al marido angustiado, que no sabe que hacer y que insiste en ese “venga anímate María” o le plantea continuamente planes, en un intento de verla más activa y mejor, sin saber, que en realidad, todo eso machaca mucho más a su pareja. Tampoco se habla de la madre, que hace por escucharla, pero que al final la agobia más reconociendo que tiene razón en lo mal que están las cosas, o de la amiga, que por quitar hierro al asunto, argumenta que no hay que ahogarse en una gota de agua, y que solo será una racha.

Olvidamos, que las primeras personas que detectan una depresión, no suelen ser los profesionales de la salud, sino los familiares y amigos del paciente, y lo que nadie dice es que para ellos resulta muy inabordable. Ver a alguien que quieres atravesar esa mala situación es angustioso y frustrante, y por ello, todos querríamos saber qué cosas hacemos mal, o cómo sería mejor que actuásemos ante esa depresión, cuando al final lo único que queremos es ayudar. Estos suelen ser algunos de los fallos más comunes, que los expertos nos explican cómo corregir:

1.- Ver el problema desde nuestra perspectiva en vez de empatizar

Hay que intentar introducir los pies en sus zapatos y caminar con ellos, dándonos así cuenta de cuáles son sus circunstancias, esto puede ayudar a la hora de orientarnos respecto a qué necesita, ese es el primer cambio en la perspectiva te propongo. Cuando damos consejos, tendemos a ver las situaciones desde nuestra propia perspectiva, pero si queremos realmente ayudar, lo ideal es optar por ponerte en el lugar del otro, la empatía, para tener más pistas sobre si esa persona necesita un hombro en el que llorar, distraerse, o solo que la escuchen en silencio. siempre podemos ante la duda preguntar, en vez de dar las cosas por hecho.

2.- Trivializar la situación, cuando es un problema y se necesita ayuda

Tendemos a pensar que cuando una persona es negativa o se siente triste, cambiar ese estado de ánimo es una cuestión de actitud, pero a veces no es tan fácil como eso. Es muy importante que se asuma la dificultad que supone superar una depresión y que ello no es debido a la falta de voluntad del deprimido, sino a la propia depresión que, entre otras cosas, anula la voluntad de la persona. Y te insistiendo en que trivializar el problema no ayudará a afrontarlo. Hay que ayudar a la persona a darse cuenta, de que igual que existen problemas físicos, que necesitan de tratamiento, ocurre igual con lo psicológico, aunque en este caso la solución no sea sólo la farmacológica.

3.- Imponer en vez de sugerir o proponer

Puede que en ocasiones salir de la rutina ayude a cambiar las perspectivas, la cuestión es cómo debemos sacar a esa persona de casa, si bajo un ordeno y mando, dada su poca voluntad a hacer cosas, o si quizás deberíamos cambiar de estrategia. Se ha demostrado que cuantas más actividades agradables se realice, mejor será su estado de ánimo, pero teniendo en cuenta que la persona deprimida no está en buena disposición para llevar a cabo las mismas, conviene que nuestras peticiones o sugerencias no suenen a imposición.

4.- Caer en los “anímate”

Caemos en esa frase casi sin darnos cuenta, como si un “anímate” pudiera arreglarlo todo, o como si esa persona no se hubiera dado cuenta de que su problema podría arreglarse de forma tan simple. La intención, claro, es buena, pero el efecto puede llegar a ser demoledor. Para alguien que se encuentra encerrado en agobio interior, probablemente no sea eficaz escuchar ese ¡anímate! o qué le insinúen que se siente como no debe. De hecho, puede que entonces se sienta poco respetado en relación a lo que está experimentando e incluso culpable por haberse metido en ese pozo llamado depresión y no poder o querer salir. Con esta misma idea, decirte que las frases del estilo “sé positivo”, “vamos, alégrate”, o “sé cómo te sientes”, pueden provocar lo que no queremos: más culpa y tristeza.

5.- Hacer reproches en vez de valorarle

La persona que siente deprimido lo pasa muy mal, pero quien la acompaña no vive un camino de rosas, ni mucho menos. Es fácil caer en el reproche, pero antes de eso, respiremos, y pensemos que si de verdad queremos ayudar a esa persona a salir de esa situación, lo que necesita es sentirse valorado, no aún peor consigo mismo de lo que ya se siente. En este caso, la frase que puedes utilizar es bien sencilla: “Aunque no te sientas bien, creo en ti y eres genial”.  Y es que, por mucho que pueda parecer una afirmación forzada, es fundamental trasladarle que le valoras y es una persona importante para ti, no hay que olvidar que lo normal es que haya perdido la esperanza y confianza en sí mismo.

 6.- Asumir sus decisiones y responsabilidades

Cuando alguien querido nos preocupa y nos ponemos en modo “cuidador”, a veces acabamos por anular la poca voluntad que le queda, aún sin mala intención. Como familiar o pareja, asumimos como propias las decisiones, tareas y responsabilidades que le competen a la persona que se advierte triste, y de esa manera, sin darnos cuenta, podemos ser cómplices de construir dinámicas que mantengan la situación del deprimido más tiempo del necesario. Al final, todo es cuestión de buscar el equilibrio.

7.- Alimentar el discurso negativo

Precisamente, en eso de buscar el equilibrio está la clave. No podemos decirle a esa persona que lo que le pasa es sólo una racha o algo trivial, pero tampoco podemos pasarnos al otro extremo, y acabar dándole más argumentos para verlo todo negro. No es bueno alimentar sus quejas o fomentar discursos negativos,  que a cambio te propongo intentar desviar la conversación hacia otros temas, pero de forma sutil, con frases del estilo “creo que no es bueno para ti hablar de cosas que te hacen sentir mal”, o “entiendo que tal y como estás veas todo tan negativo, pero creo que no es bueno que yo lo fomente, así que si te parece podemos hablar de otros cosas, por ejemplo…”.

8. Intentar reemplazar al profesional

Puedes ser amigo, puedes ser madre, puedes ser pareja, pero asúmelo, no eres un psicólogo, y no deberías intentar serlo. Sí las soluciones que la persona y el entorno estén aplicando no estén resultando eficaces, en ese caso, habrá que cambiar de estrategia y para ello se puede consultar con un psicólogo. No debes olvidar, que todos tenemos nuestros límites, y que sí está bien ayudar, ciertos problemas como que alguien este deprimido, hay que ponerlos en manos de un  profesional de la salud mental, psicólogo y/o psiquiatra.

Hasta aquí lo que no deberías hacer con tu amigo o familiar deprimido, en el siguiente vídeo te doy las claves de lo que si puedes hacer.

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