menores

Los adultos que tenemos más contacto con nuestros niños y jóvenes adolescentes somos los padres y profesores. Somos el primer referente para los menores. Por ello resulta muy importante que exista una canal constante y bidireccional de comunicación con nuestros niños ya adolescentes. Con dicha comunicación conseguiremos su confianza, así cuando nuestros menores tengan problemas o dificultades, se sientan cómodos compartiendo con sus padres y/o profesores para encontrar su apoyo.

Esta es una de las indicaciones que la Asociación Americana de Psicología (APA-American Psychological Association), en un post publicado en su Web, a través del cual trata la forma más idonea en que progenitores y docentes pueden tener una interacción de mayor confianza con menores, pudiendo así prestar ayuda en los problemática que tengan.

Advierten mis colegas del APA, la gran importancia de la comunicación y la confianza, estos elementos confieren el poder encontrar cuando los menores sufren problemas emocionales. Tenemos que ser conscientes que lo habitual es que los menores tiendan internalizar sus sensaciones y emociones,  si algo les agobia, es muy probable que no lo verbalicen ni tampoco pidan ayuda.

Posiblemente no sepan que existe ayuda a su disposición. Por ello, los psicólogos consideramos que es fundamental que como padres o como profesores podamos detectar cuándo un menor tiene un problema y sepamos cómo mejor acercarnos a nuestros hijos y/o alumnos. Así, mis colegas de la APA recoge las siguientes claves:

1 Trasmite confianza y seguridad. 

Los menores deben sentirse bien para poder expresar verbalmente. Es imprescindible que el menor perciba que estas dedicándole todo tu atención para ayudarle. Los pequeños, frecuentemente, pueden considerar que se han involucrado en un problema y por tanto les vamos a regañar o/y castigar si se les llama a parte para hablar. Déjales bien claro que que no va ser así, sino que la idea es poder ofrecerles tu ayuda y apoyo. Como padres podemos programar con relativa frecuencia una actividad especial para poder hablar con ellos regularmente, como, por ej., comer solo con tu hijo o hija una vez semana o cada quince días.

2 Escucha activamente. 

Dedica un tiempo para escuchar activamente lo que tu hijo o hija quiera contarte. En muchas ocasiones, tanto niños como adolescentes desean únicamente que alguien los escuche. Haz el esfuerzo de empatizar y  comprender su punto de vista antes de ofrecer tu valoración. En muchas ocasiones nuestra propia ansiedad por ayudarles, puede hacer que tratemos de arreglar todo rápidamente; sin embargo, generalmente, la mejor ayuda que podemos ofrecer es escucharles atentamente con los cinco sentidos.

3 Valida y apoya. 

Muestra que te importa su expresión de necesidad de ayuda. Así si, por ejemplo, un menor dice que se siente triste o molesto, dile que estas muy contento de que sea capaz de compartir contigo sus emociones. Exprésale  que valoras mucho que cuente contigo para que le ayudes. Si tu hijo o hija crees que necesita más ayuda de la que puedes ofrecerle, consulta con un psicólogo.

4 Sé Autentico. 

Trata de evitar una charla muy planificada. Los menores que son adolescentes pueden captar muy bien  cuándo una persona no es espontánea y auténtica en sus expresiones. Muestra apertura de ideas, autenticidad y serenidad, esto sin duda ayudará a tu hijo o hija a actuar de igual manera.

5 No tienes todas las respuestas. 

Como padre o maestro, es normal, natural y sano admitir que no lo sabes; de todos modos, cuando un menor te pregunte algo, debes hacer todo lo posible para encontrar una respuesta o alguien que pueda ayudarle.

6 Atento a las señales de advertencia de suicidio

Hoy sabemos que el suicidio se puede prevenir. Las dos claves más importantes para prevenir el suicidio son reconocer señales de advertencia y buscar ayuda. Algunas señales significativas de advertencia pueden ser el descenso significativo en el rendimiento escolar, consumo y abuso de alcohol u otras drogas, expresiones continuas sobre la muerte o la presencia de autolesiones. Ante la más mínima sospecha, la APA recomienda a los padres solicitar ayuda inmediatade profesionales de la salud mental .

 

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