ruptura amorosa

En algún momento de nuestras vidas, casi todos nosotros tendremos una ruptura amorosa. Imagina qué diferentes serían las cosas si le prestamos más atención a este dolor emocional único. El psicólogo norteamericano Guy Winch revela en esta TEDx cómo la recuperación de la angustia comienza con la determinación de luchar contra nuestros instintos para idealizar y buscar respuestas que no existen, y ofrece un conjunto de herramientas sobre cómo, eventualmente, seguir adelante. Nuestros corazones a veces pueden romperse, pero no tenemos que rompernos con ellos.

Ruptura amorosa.

Mi paciente Kathy planeó su boda estando en la escuela secundaria. Conocería a su futuro esposo a los 27 años, se comprometería un año después y se casaría al año siguiente. Pero cuando Kathy cumplió 27, no encontró un marido, sino un bulto en uno de sus pechos. Se sometió a meses de crueles sesiones de quimioterapia y a dolorosas cirugías, pero, justo cuando ya estaba lista para volver a buscar pareja, encontró un bulto en la otra mama y tuvo que pasar por lo mismo, otra vez. Pero se recuperó, y estaba ansiosa por retomar la búsqueda de un marido en cuanto le volvieran a crecer las cejas. Cuando las personas tienen su primera cita en Nueva York, es importante que puedan expresar una amplia variedad de emociones.

Al poco tiempo, conoció a Rich y se enamoró. La relación colmó todas sus expectativas. Seis meses después, luego de un maravilloso fin de semana en Nueva Inglaterra, Rich hizo una reserva en un restaurante romántico, el favorito de ambos. Kathy sabía que él le propondría matrimonio, y no podía contenerse de la emoción.

Pero Rich no le propuso matrimonio esa noche. Decidió terminar la relación. Si bien Rich le tenía gran afecto —lo cual era innegable—simplemente no estaba enamorado.

Kathy quedó devastada. Tenía el corazón destrozado, y ahora debía enfrentar otra recuperación. Pero cinco meses después de la ruptura, Kathy no podía dejar de pensar en él. Su corazón seguía totalmente destrozado. La pregunta es: ¿por qué? ¿Por qué esta mujer tan increíblemente fuerte y decidida no tenía la capacidad de usar los mismos recursos emocionales que la llevaron a enfrentar cuatro años de tratamientos para el cáncer? ¿Por qué será que nos desorientamos cuando intentamos recuperarnos de una decepción amorosa? ¿Por qué será que los mismos mecanismos de defensa que nos permiten enfrentar todo tipo de desafíos en la vida fracasan tan rotundamente cuando atravesamos una ruptura amorosa?

En más de 20 años de práctica a nivel privado, he visto gente de todas las edades y extracciones sociales enfrentar el desamor de diversas maneras, y aprendí lo siguiente: cuando atravesamos una ruptura sentimental, los mismos instintos en los que siempre confiamos son los que nos llevarán por el camino equivocado una y otra vez. Simplemente, no podemos confiar en lo que la mente nos dice.

Por ejemplo, estudios realizados con personas que han sufrido una decepción amorosa dicen que, para poder salir adelante, es fundamental comprender claramente por qué ha terminado la relación. Sin embargo, una y otra vez, cuando se nos da una explicación simple y honesta como la que Rich le dio a Kathy, la rechazamos. Una ruptura amorosa produce un dolor emocional tan dramático, que nuestra mente interpreta que la causa debe de ser igualmente dramática. Y ese instinto visceral es tan poderoso, que puede llevar a las personas más razonables y mesuradas a elucubrar misterios y teorías conspirativas donde no las hay. Kathy estaba convencida de que algo debió haber ocurrido durante esa escapada romántica con Rich que le hizo a él dudar sobre la relación, y ella se obsesionó tratando de averiguar qué había pasado. Y así Kathy pasaba horas interminables repasando mentalmente cada minuto de aquel fin de semana, buscando en su memoria alguna clave… que no existía. La mente de Kathy la engañaba, lanzándola a una búsqueda infructuosa. Pero ¿qué la impulsaba a esa búsqueda durante tantos meses?

La decepción amorosa es mucho más insidiosa de lo que creemos. Existe una razón por la cual nos empecinamos en cometer un error tras otro, aun sabiendo que nos sentiremos peor. Estudios realizados con el cerebro muestran que la pérdida del amor romántico activa en el cerebro los mismos mecanismos que los de un adicto al que se le retira sustancias como la cocaína o los opiáceos. Kathy estaba atravesando un período de abstinencia. Y como no podía recurrir a la heroína de estar realmente con Rich, su inconsciente eligió la metadona de los recuerdos vividos con él. Su instinto le decía que estaba tratando de resolver un misterio, pero en realidad se estaba aplicando una dosis. Es por esto que superar una ruptura amorosa es tan difícil. Los adictos saben que son adictos. Saben cuándo se están inyectando. Pero las personas que atraviesan una decepción amorosa, no. Pero ahora lo sabemos. Y si tenemos el corazón roto, no lo podemos ignorar. Debemos reconocer que, por imperiosa que sea la necesidad, con cada viaje hacia el recuerdo, con cada texto enviado, con cada segundo invertido en espiar al ex en redes sociales, estaremos alimentando la adicción, profundizando el dolor emocional y complicando la recuperación.

Superar una ruptura sentimental no es un viaje. Es una lucha, y nuestras razones son las mejores armas. No existe explicación de la ruptura que nos conforme. No hay lógica alguna que pueda suprimir el dolor que sentimos. Por eso, no busquemos una explicación, no esperemos una, simplemente aceptemos la que nos dan o fabriquemos otra y dejemos las preguntas de lado, porque necesitamos ese cierre para resistir a la adicción. Y es necesaria otra cosa también: debemos estar dispuestos a soltar, a aceptar que se acabó.De lo contrario, alimentaremos nuestra mente de esperanzas y haremos un retroceso. La esperanza puede ser increíblemente destructiva cuando atravesamos una ruptura amorosa.

La decepción amorosa es una experta manipuladora. La facilidad con la que maneja nuestra mente para hacer exactamente lo opuesto a lo que necesitamos para recuperarnos es asombrosa. Una de las tendencias más comunes en una ruptura amorosa es idealizar a la persona que la ocasionó. Nos pasamos horas recordando su sonrisa, lo bien que nos sentimos a su lado, la vez que subimos a una montaña e hicimos el amor bajo las estrellas. Lo único que logramos así es profundizar el dolor de la pérdida. Y lo sabemos. Pero, aun así, le permitimos a la mente pasar de un éxito a otro, como si fuéramos rehenes de nuestra propia lista de reproducción pasivo-agresiva de Spotify.

Una ruptura amorosa nos llevará por esos pensamientos. Para evitar la idealización, debemos lograr un equilibrio recordando su ceño fruncido, —no solo su sonrisa— lo mal que nos hizo sentir, el hecho de que nos perdimos en la montaña después de hacer el amor,discutimos acaloradamente y no nos hablamos por dos días. Lo que aconsejo a mis pacientes es que hagan una lista detallada de todas las veces que esa persona se portó mal con nosotros, de todas sus cualidades negativas, de todas sus manías, y que la guardemos en el teléfono.

Y una vez confeccionada esa lista, deben usarla. En cuanto asoma el mínimo motivo para idealizar a la otra persona, o ante el menor atisbo de nostalgia durante una sesión, les digo: “El teléfono, por favor”.

Nuestra mente nos dirá que la otra persona era perfecta. Pero no es cierto, y tampoco lo era la relación. Y si queremos superarla, debemos recordarlo con frecuencia.

Ninguno de nosotros es inmune a una ruptura amorosa. Mi paciente Miguel, de 56 años, era un ejecutivo de alto rango en una empresa de programación. Cinco años después de la muerte de su esposa, sintió que estaba preparado para otra relación. Pronto conoció a Sharon, y comenzaron un romance relámpago. Al cabo de un mes, se presentaron ante los hijos adultos de cada uno, y, a los dos meses, decidieron vivir juntos. Cuando la gente grande inicia una relación, no pierde el tiempo. Es como si “Realmente amor” se encontrara con “Rápido y furioso”.

Miguel sintió una felicidad que no sentía hacía años. Pero la noche previa al primer aniversario, Sharon lo abandonó. Decidió mudarse a la costa oeste para estar más cerca de sus hijos, y no quería una relación a la distancia. Miguel se vio totalmente tomado por sorpresa, profundamente devastado. No pudo funcionar en el trabajo durante varios meses, y estuvo a punto de perderlo por ese motivo. Otra consecuencia de la ruptura amorosa es que la soledad y el dolor pueden afectar significativamente nuestro funcionamiento intelectual, especialmente en tareas complejas de lógica y razonamiento. Temporariamente, se reduce el cociente intelectual.

Pero no era solamente la intensidad del dolor lo que confundía a los jefes de Miguel, sino la duración. También Miguel estaba confundido por eso y hasta avergonzado. “¿Qué me está pasando?”, me preguntaba durante la sesión. “¿Qué adulto se pasa casi un año tratando de superar una relación de un año?” De hecho, a muchos adultos les sucede.

Las rupturas amorosas comparten los síntomas típicos de la pérdida y la pena: insomnio, pensamientos invasivos, disfunción del sistema inmunológico. El 40 % de las personas padece una depresión de manifestación clínica. La ruptura amorosa es un daño psicológico complejo que nos afecta de múltiples maneras. Sharon, por ejemplo, era muy sociable y muy activa. Todas las semanas organizaba cenas en su casa. Ella y Miguel iban de campamento con otras parejas. Y aunque no era religioso, él la acompañaba todos los domingos a la iglesia, donde la congregación lo recibía gustosamente. Miguel perdió no solo a su pareja; perdió toda su vida social, la comunidad tan acogedora de la iglesia de Sharon. Perdió su identidad como pareja. Ahora bien, Miguel reconocía que la ruptura dejó este inmenso vacío en su vida, pero lo que no logró reconocer es que dejó mucho más que un solo vacío. Y esto es fundamental, no solo porque explica el porqué una ruptura amorosa puede ser tan devastadora, sino porque nos dice cómo superarla. Para superar una decepción sentimental, es necesario identificar estos vacíos en la vida y llenarlos, pero llenarlos a todos.Los vacíos de identidad; es necesario redefinir quiénes somos y qué queremos de nuestra vida. Los vacios en la vida social; las actividades perdidas, incluso los espacios vacíos en la pared donde estaban las fotografías. Pero nada de esto servirá si no evitamos los errores que pueden llevarnos al punto de partida, la búsqueda innecesaria de explicaciones, la idealización del ex, en lugar de recordar sus errores, la evocación de pensamientos y conductas que aun colocan al otro en un rol protagónico en este próximo capítulo de la vida, cuando no debería haber un solo extra.

Superar una ruptura amorosa es difícil, pero si no nos dejamos engañar por la mente y tomamos medidas para sanar, podremos minimizar el sufrimiento significativamente. Y no seremos los únicos en beneficiarnos. Compartiremos más tiempo con amigos,estaremos más relacionados con la familia, sin mencionar los miles de millones de dólares que ahorraríamos en el ámbito laboral porque la productividad se vio comprometida.

En definitiva, si conocen a alguien que esté atravesando una ruptura ténganle compasión, porque el apoyo social es fundamental para la recuperación. Y tengan paciencia, porque procesarlo le llevará más tiempo de lo que pensamos. Y si duele, recuerden esto: es difícil, es una batalla dentro de la propia mente, y hay que tener la voluntad de ganar. Pero tienen armas. Pueden luchar. Y podrán recuperarse.

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