Una buena relación terapéutica “constituye el principal medio para obtener y manejar los sentimientos e ideas significativas que se persiguen para que cambie la conducta del cliente”. 

En la actualidad, hemos de ser conscientes de que los terapeutas somos “vendedores”. Nuestra oferta principal es el cambio, así como la responsabilidad en uno mismo, la confianza, la motivación, conocimiento y el aprendizaje de herramientas útiles para avanzar en el día a día. 

La manera de transmitirlo para que sea comprensible y creíble es fundamental. Por eso son tan importantes las Habilidades del terapeuta. 

El cambio: es nuestro objetivo global en el paciente. Ello depende de una buena alianza terapéutica y factores comunes. 

La comunicación y la comprensión serán vitales para el buen funcionamiento de la terapia.  

A continuación, te voy a dar siete claves que resultan muy importantes a la hora de manejar tus habilidades como terapeuta: 

1 | Identificar nuestras carencias y puntos fuertes. 

Abandono versus fracaso terapéutico: Dentro de la autoevaluación que debemos realizar, conviene buscar la máxima objetividad. Para ello, distinguir entre el abandono y fracaso terapéutico será fundamental.

Un abandono no tiene porque que significar fracaso terapéutico.

2 | Comunicación y lenguaje: antes, durante y después de la terapia 

En muchas ocasiones, las formalidades y la jerga profesional impiden que mensaje que queremos transmitir llegue a la persona que nos interesa, de la forma que nos interesa.  

Debemos tener en cuenta que, según los estudios, un 70% de lo que comunicamos es a través del lenguaje no verbal. Si se presenta incongruencias entre mensajes verbales y no verbales, siempre primará lo transmitido con lo no verbal. 

Escuchar, en el sentido amplio de la palabra, escuchar activamente participando como receptor de un mensaje en la acción conjunta de la interacción, requiere la prestación de nuestros sentidos, nuestra atención, nuestra memoria, nuestra capacidad de razonamiento y, en resumen, una cantidad de recursos que muchas ocasiones no estamos dispuestos a entregar a la persona que tenemos delante. ¿Por qué? Por cualquier motivo. Personal o ajeno, y porque “escuchar” cognitivamente hablando, es cansado.  

Un 70% de lo que comunicamos es a través del lenguaje no verbal.

Aun así, es un requisito imprescindible en nuestra actividad profesional. Las consecuencias de no escuchar, pueden ser nefastas para la persona que demanda ayuda 

3 | Facilitadores para una terapia eficiente

Los factores de mejoría que se han estudiado empíricamente son: las variables del paciente, la relación terapeuta/paciente, el efecto placebo y las técnicas psicoterapéuticas.  

Como vemos, un tercio de la eficacia recae en la relación entre los actores. No nos centraremos en la parte correspondiente a la técnica ni al tipo de terapia y su duración, sino que en las formas de interacción entre paciente-demandante y los elementos que consideramos indispensables en esa construcción.

Motivación y empatía. Del enganche a la conexión

Las ideas principales referente a la empatía, pasan por la experiencia personal del terapeuta y la puesta en marcha de una actitud de disposición con el paciente. Para ello, es importante: Conocer las motivaciones del usuario/paciente. Esto nos ayudará a activar el deseo de cambiar desde sus propios intereses.

Autenticidad y naturalidad 

Se trata de transmitir veracidad en nuestra actuación. Conseguir ser natural. Existen cinco elementos clave para la autenticidad:

  • Rol de conducta
  • Congruencia
  • Conductas de refuerzo no verbales
  • Espontaneidad
  • Autorrevelación

Compromiso y respeto 

Los aspectos fundamentales del compromiso y el respeto son los siguientes:

  • Transmitir el deseo de trabajar con el paciente/usuario
  • Transmitir interés del paciente como persona
  • Hacer un esfuerzo por entenderle y transmitir apoyo en cada una de las piezas de su problemática
  • Transmitir la aceptación de éste
  • Tener la aceptación de compromiso
  • Eliminar las valoraciones críticas y expresar una cantidad razonable de protección

Nunca debemos olvidarnos de ser Creativos

Tomar nuevos caminos, arriesgar, atreverse. No hay tareas rutinarias, sólo modos rutinarios, por lo tanto, busquemos la manera de sorprender. 

4 | Estilo relacional del terapeuta: en busca del “rol de agente activo” VS “rol pasivo-paciente”

Cambio de rol: de la pasividad a la actividad 

El cambio de rol es un elemento importante en nuestra manera de actuar. Debemos tomar conciencia de que, cultivando la ilusión, el empuje y la motivación ponemos en marcha estrategias para facilitar el cambio personal y ayudar a clasificar, mantener y perseguir metas deseadas.

Transferencia de responsabilidades 

Básico para una buena recuperación y para el trabajo encaminado a la prevención de recaídas. En el caso de que las hubiera, si hemos hecho un buen trabajo en esta área, evitaremos la vuelta al ciclo de recaída – terapia – seguimiento – recaída.  

Otorgamos control al usuario/paciente sobre sus conductas, pensamiento y emociones para no crear dependencia del terapeuta.

Confianza. El Efecto Pigmalión

Según la mitología griega, hubo un escultor enamorado de una de sus estatuas, cuyo deseo de que fuera una mujer real fue tan fuerte, que la diosa Afrodita se lo concedió. El escultor se llamaba Pigmalión, y su enamorada, Galatea.  

Debemos proyectar capacidad de autoesficacia. 

Conocer el sistema de creencias del usuario previamente, puede ayudar para la propuesta y trabajo de autoconvicción del terapeuta y del usuario direccionado a un cambio.

El modelado simbólico, automodelado y modelado participante desde el empoderamiento

Hoy día, muchos de nuestros comportamientos se corresponden a conductas de imitación, mimetización y aprendizaje vicario.  

El objetivo que perseguimos en cualquiera de los procedimientos, buscamos la autonomía del paciente para su recuperación funcional, por lo que las técnicas también irán dirigidas en este sentido.  

5 | Variables relacionales. Humor y límites

Estrategias para manejar la resistencia 

En ocasiones nos encontramos situaciones de difícil manejo. Hay pacientes con dificultades para expresar, o con pocas intenciones, o en una disposición defensiva, e incluso estancado en el discurso de no necesitar una terapia.

Por otra parte, encontramos pacientes más instalados en la queja que en encontrar soluciones.  

El uso del humor como elemento aliado en dinámica relacional interpersonal. Las emociones positivas son vitales para el bienestar de las personas.

Situaciones de conflicto. ¿Cómo marcar límites sin fragmentar la relación? 

En ocasiones podemos encontrar usuarios/pacientes derivados u obligados de alguna manera por su familia, su jefe o sus amistades a recurrir a un terapeuta que muestren y cierta hostilidad e incluso agresividad.

Por ejemplo, golpes en la mesa, incorporación de la silla en tono vehemente, etc. En estos casos, debemos tener claros dos pilares: 

  • La importancia de la coherencia (contenido del discurso, expresión corporal, y tono y uso del lenguaje)  
  • La firmeza que demostremos. 

Teniendo claros estos dos conceptos, escuchar activamente dejando que se exprese el malestar antes de responder. Una vez analizada la situación, hay ciertas recomendaciones muy útiles: 

  • Actitud firme (en la debilidad mostrada esta su fortaleza), sin evitar el contacto visual, utilizando tono de voz calmado. Volumen bajo.  
  • Analizar y controlar el lenguaje corporal.  
  • Hay que recordar que la sintomatología no está relacionada con la permisividad en la falta de respeto.  
  • Actitud abierta. No caer en la defensa de la profesión o de uno mismo. 
  • Empatizar cuando se haya reducido la tensión. No hay necesidad de mostrar acuerdo, pero si comprensión si el caso lo requiere.  
  • Comentar que en otras ocasiones similares no se deje llevar. Dar alternativas para gestionar el conflicto.  
  • Dominar técnicas de Asertividad. 

6 | El entorno psicosocial y sociocultural en la relación terapéutica

Toda persona que se presenta ante nosotros, es un ser social. Siempre debemos tener en cuenta que es portador de un perfil psicosocial: Sexo, estado civil, Diagnóstico principal, Origen, residencia y áreas de salud, Edad, Edad de aparición de la enfermedad, etc.

El yo-observador 

Es importante saber que experimentar emociones en nuestra profesión, es natural. El entrenamiento del profesional está enfocado a que se reconozcan estas emociones y utilizarlas a favor del paciente.  

Si no experimentamos emociones en nuestro trabajo, puede ser señal de alarma de cierto desgaste profesional.

Los iguales. La terapia de grupo. Contexto alternativo o complementario a sesiones individuales 

Las ventajas de esta situación es que el usuario/paciente, comprueba que no es el único que tiene ese problema. De este modo, podemos empezar a trabajar la empatía con ellos, si se presentan dificultades en este ámbito.

La importancia del entorno familiar 

Dialogo y participación familiar siempre resultará un aliado a favor de la terapia. Si decidimos incluirlo con el consentimiento del paciente, debe ser un modelo abierto y participativo. Debemos conseguir un entendimiento entre las partes que enriquezca tanto a unos como a otros.

Equipos multidisciplinares de trabajo en terapia 

Entre profesionales que pueden compartir pacientes o grupos de terapia, son fundamentales las habilidades de comunicación, más allá del entendimiento en cuestiones formales.

7 | “Clientes” especiales: niños y adolescentes 

Lo primero que debemos tener claro al respecto son los periodos que delimitan cada una de las dos etapas.  

  • Parece que la etapa infantil está bastante clara, abarcando desde el nacimiento hasta hasta los 12 años aproximadamente. 
  • La etapa adolescente es más complicada definir en su etapa final. La terminación psicosocial es difusa, por lo que nosotros consideraremos el final de este periodo los 18 años (nuestra mayoría legal de edad).

El proceso de intervención es diferente al de un adulto y, por ende, las habilidades del terapeuta que necesitamos emplear.

En líneas generales, la paciencia y la comprensión serán dos pilares a la hora de relacionarnos.  

En la medida de lo posible promoveremos la participación activa del menor en la intervención que llevemos a cabo.  

La principal dificultad reside en una demanda que no solicita el menor.

En este caso, debemos encontrar elementos motivadores para que participe de la mejor manera posible en recuperar la funcionalidad adecuada personal y/o social.  

Claves para una Estrategia Motivadora

Las claves de cara a una estrategia motivadora son: 

  • Relación reforzante entre terapeuta y paciente 
  • Manejo de contingencias durante la sesión 
  • Realizar actividades agradables (juegos durante la sesión) 
  • Tomar en cuenta los puntos de vista del menor  
  • Tomar en cuenta las preocupaciones del menor 

Nunca perderemos de vista los derechos del niño por muy desesperados que estén los padres en la resolución del conflicto. Por tanto, hay una serie de circunstancias que debemos manejar tales como: 

  • Derecho a conocer la verdad y ser informado de la situación- 
  • Confidencialidad 
  • Ser tomado en serio.  
  • Participación en la toma de decisiones.  

Fomentar el Juego

Una de las principales estrategias se centra en la habilidad de fomentar el juego para moldear conductas o recabar información/datos. Esto no ha de confundirse como actividades simplemente lúdicas en terapia, ni debe significar menor seriedad de la intervención. Al contrario, se considera un recurso con altas probabilidades de efectos positivos en la intervención a la vez que fortalece la relación terapéutica, nutre el mapa que queremos construir del contenido cognitivo del niño y puede ayudar a dirigir la sesión sin continuas demandas de los pacientes.  

Debemos manejar la capacidad de reforzar ciertos comportamientos mientras debilita otros mediante el juego o actividades lúdicas. 

El trabajo con Adolescentes

En la relación con los adolescentes, todo lo que rodea a los objetivos engloba una misión central. No es otra que la de reconocer la maduración psicológica y facilitarla. En líneas generales, nuestra intervención estará enmarcada en las habilidades ya conocidas respecto a los adultos. Destacaremos, sobre todo: 

  • Una buena alianza terapéutica 
  • Empatía 
  • Valorar y respetar los silencios. 
  • Inspirar confianza en los beneficios de la terapia  
  • No debemos juzgar ni etiquetar al adolescente.  
  • Debemos estar atentos a comentarios que puedan rebajar la autoestima. 
  • Nunca competir con el adolescente. 

En adolescentes con conductas éticamente transgresoras, aunque lo podemos destacar en líneas generales en intervenciones con menores, la serenidad es un elemento clave en el tratamiento.  

Provocaciones por parte de Adolescentes

Puede ser frecuente que nos encontremos con provocaciones por parte de los jóvenes. Entendemos que, aunque hagamos como si no pasara nada ante estas provocaciones, internamente afecte a nuestras ideas y afectos en relación con el adolescente.  

Una forma de responder ante estas situaciones es mantener la atención y la escucha de lo que nos esté contando, que sienta que le estamos escuchando contando con su opinión respecto al suceso, o lo que espera de nosotros al manifestarnos ciertas conductas.

Por otra parte, comentar alguna experiencia o vivencia personal relacionada con lo que nos plantea de forma cercana ayudará a aproximarnos al joven, y facilitará la reflexión pretendida por nuestra parte.  

Debemos ajustarnos a las necesidades del menor. Las actividades que tengamos programadas siempre se realizarán con paciencia, comprensión y, como hemos mencionado anteriormente, sentido de humor.

2 comentarios de “Las 7 claves para ser un buen terapeuta 

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