En la sección de colaboraciones con otros profesionales de la salud y el bienestar en general.

Os presento desde esta web de consulta de pscicología online a José Ignacio Ruiz Espinosa compañero mio de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid. Nos cuenta en este relato en primera persona su vivencia con el Alzhéimer.

 Dementia Disease

Mi madre siempre fue una persona muy activa a la vieja usanza, vivía para y por sus hijos, lo daba todo por ellos, disfrutaba sólo con verles felices y bien colocados en el futuro, por ello, sus tres hijos fueron los primeros de la familia en tener estudios universitarios y en ese sentido luchó toda su vida.

Recuerdo a mi madre siempre de médicos, las citas en los diferentes hospitales madrileños eran muy frecuentes. Con 20 años la diagnosticaron Esclerodermia con EPID asociada, lo cual significaba revisiones médicas de por vida, pero este no es el tema que nos ocupa. Aunque fuerte en la lucha para con su marido e hijos,  era algo débil con ella, prefería darlo todo por aquellos. A principios del año 2000 se le diagnosticó Depresión por el Servicio de Psiquiatra del INSS. Los hermanos solíamos ir los fines de semana a comer con mis padres, lo cual era un motivo de satisfacción para todos, pero poco a poco y con motivo del agravamiento de su enfermedad, a mi madre cada vez se le hacía más pesado el tener que congregar en su casa a una familia cada vez más amplia.  Ella mostraba cierta apatía hacia todo en general, por ello, los hermanos nos fuimos repartiendo los fines de semana hasta que, hacia el 2005, dejamos de ir a comer habitualmente a su casa, coincidiendo con la consulta de Neurología, donde se le solicitó una prueba SPECT Cerebral de Perfusión. A raíz de esta prueba se le diagnosticó progresión de alteración temporo-parietal-occipital izquierda, que podría estar en relación con la enfermedad de Alzhéimer que padece en la actualidad. Por ello, empezó a medicarse para tratar esta enfermedad, comenzando con EXELON, al principio en formato de cápsulas para terminar con parches. A partir de ese momento, se confirma lo que en un principio querías obviar, y aunque no aceptas inicialmente la enfermedad de tu madre y te sientes preocupado, triste e impotente, llega un momento en el que te tienes que enfrentar a la cruda realidad, que gracias al pilar fundamental que supone el gran apoyo familiar y de distintos profesionales,  te ayudan a sobrellevar esta nueva situación con un mayor control de las emociones existentes.

Recuerdo también que ese mismo día la neuróloga nos dijo ya podéis ir solicitando residencia, que viene tardando unos 2 años, que razón tenía, sólo por ello le estaré agradecido toda la vida, ya que, solo cuatro años después, después de pasar tres meses en una residencia privada, obtuvimos plaza en una pública. La decisión tardo unos meses en producirse, ya que  su cuidador principal, mi padre, quien no dejaba de verbalizar que el proyecto de vida que tenía junto a su mujer, después de haberse jubilado, había desaparecido, se negaba a vivir sin ella, pero al final se dio cuenta de que no podía hacerse cargo de ella en adelante.

Lo primero que hicimos, tras la cita con la neuróloga, fue obtener información sobre la enfermedad de Alzheimer, nos hicimos socios de AFAL contigo (Asociación Nacional de Alzhéimer), la cual nos facilitó todo la información requerida. Inmediatamente después, iniciamos los trámites de solicitud de la Ley de Dependencia, que surgió por aquel diciembre del 2006. La tramitación no fue fácil, se requería la aportación de mucha documentación, por lo que hubo que buscar entre los múltiples informes que teníamos de mi madre. El informe fundamental fue aquel en el que se le diagnosticaba la enfermedad de Alzheimer, realizado por la  neuróloga, aunque actualmente también puede ser emitido por el médico de cabecera.

Lo segundo que hicimos, fue proceder a la Incapacitación Legal, para ello hay que recurrir a los Juzgados y la verdad es que, aunque es una decisión dura y difícil de tomar, fue de lo más acertada. Yo, como el mayor de los hermanos y tras acuerdo con ellos, fui el que solicité la Tutela. Para ello, un día me citaron en el juzgado a mí, a mis dos hermanos y a mi padre y se celebró un juicio en toda regla. La incapacitación conlleva la presentación anual ante el Juzgado del llamado Inventario de Tutela de la tutelada; para proceder a la enajenación de cualquier bien de la tutelada, se debe solicitar al Juez la autorización, ya que, de no ser así, el pequeño capital a nombre de mi madre quedaría inmovilizado hasta su fallecimiento, lo cual agravaría la situación, si cabe, aún más.

32505-561-550

Lo tercero que inevitablemente se tuvo que hacer, fue aquello que auguró la neuróloga años antes, que fue  ingresarla en una Residencia de Ancianos especializada, a ser posible, en enfermos de Alzhéimer.  Procedimos a buscar residencias que cumplieran este requisito, pero realmente eran pocas las existentes en ese momento. Si bien desde la primera consulta con la neuróloga (2 visitas al año) hasta finales del 2009 la enfermedad de Alzhéimer había progresado lentamente, es en esta fecha cuando se empiezan a producir cambios notables en su conducta, con alucinaciones frecuentes, que alteran la ya de por sí dura vida de convivencia con mi padre (cuidador principal), no era raro el día que mi padre me llamaba a cualquier hora del día diciéndome que no se podía hacer con mi madre, no era ya sólo que no nos reconociera a ninguno, sino que tampoco reconocía su casa, a toda costa quería salir de allí, revolvía una vez más todos los armarios, cogía unas pocas prendas de vestir, se las acomodaba debajo del brazo e intentaba abrir la puerta para marcharse a “su verdadera casa” y siempre tenía la misma cantinela “¡venga, vámonos!”; esto estaba acabando con mi padre. En abril del 2010, no nos quedó más remedio que ingresarla en la residencia, para ello, nos reunimos los hermanos con mi padre, el cual, como ya dije, se negaba a vivir sin ella, por lo que le costó un gran sacrificio separarse de ella; que duro es desprenderte de tu ser querido con el que has convivido toda la vida y tener ese sentimiento de culpa de desprenderte de ella. Como ya apunté, primero la ingresamos en una residencia privada (2.400 euros al mes), hasta que nos fuera otorgada aquella que solicitamos hacía ya unos cuatro años. Tuvimos suerte ya que tres meses después la ingresamos en una Residencia de la CCMM por la Ley de Dependencia (787 euros al mes), he de señalar que no tenemos ninguna queja de ambas residencias.

En la actualidad, mi madre ya lleva casi dos años ingresada, y se encuentra estable dentro del paulatino deterioro físico y mental que comporta esta enfermedad; va en silla de ruedas pues se rompió las dos caderas y ya se ha olvidado de andar; cada vez que vamos a verla noto como si se pusiera nerviosa al vernos y esboza una gran sonrisa en su rostro; no sé si nos reconoce al vernos, pero quiero creer que nuestro amor hacia ella le estimula el recuerdo, y que en lo más profundo de su corazón todos nosotros estamos muy presentes. Ella sigue siendo nuestra madre y lo será siempre.

Por cierto, en los paseos que nos damos con ella, cada vez que efectuamos una parada, ella sigue con la misma cantinela “¡venga, vámonos!”.

Dedicado a mi Madre

José Ignacio Ruiz Espinosa

Psicólogo

Jruies2@et. mde.es

 

Miguel A. Rizaldos Lamoca

Psicólogo Clínico. Psicólogo online

Tratamiento psicológico online

newleter

2 comentarios de ““¡Venga, vámonos!”. Mamá tiene alzhéimer

  1. Javier Remon dice:

    Emotiva y dramática historia con la que me siento identificado. Creo que Nacho ha sido muy valiente al compartir su historia personal con todos nosotros. Hace que los que estamos pasando por situaciones similares nos sintamos menos perdidos y menos solos. Mi agradecimiento y mi enhorabuena por su acertada forma de exponer algo tan delicado.

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